QUÉ BONITO ES ISRAEL - PARTE 1 DE ∞

A medida que iban pasando cosas sentía la necesidad de escribir algo acá. La realidad es que pasaron miles de situaciones increíbles que voy a ir contando con tiempo (como que descubrí que Steve Jobs estaba efectivamente en el vuelo, las mil y un verdades sobre el selfie stick y la GoPro, la falta de bidet y los dos botones en el inodoro o los misiles en el medio de una actividad), pero tengo muchas ganas de escribir algo más serio primero. Y perdón por extenderme de las 250 palabras o menos que siempre acostumbro. Perdón nada, es mi blog, si no te gusta sos bienvenido a no leer.

Israel me fascinó. Venía con una idea de gente escondiéndose de bombas, de asesinos y gente loca super paranoica y me encontré con una realidad completamente opuesta. Si bien en la zona Medio Oriente se vive una situación determinada eso no marca completamente el cómo la gente lleva su vida, por lo menos acá. 

Se vive super tranquilo, la gente no está apurada ni desesperada. Ya el primer día nos dimos cuenta de que estábamos caminando muy rápido, e incluso que una amiga iba con la mochila para adelante por miedo a que se la robaran. Eso no pasa en Israel. Bah, pasar pasa pero una contada cantidad de veces. Acá en lugar de robos hay misiles, cosas distintas si las hay.

Si tengo que pensar algo que me marcó mucho fue el echo de la Tzavá, el servicio militar/ejercito, y cómo la gente lo ve. Mi opinión personal respecto a cualquier ejercito es que son una mierda. En el siguiente posteo serio voy a hablar sobre mi reflexión acerca de la Tzavá, es algo que me emocionó hasta límites insospechados y merece un a parte.

Israel es fascinante por donde la mires. Tiene el tamaño de Tucumán, y una cantidad de paisajes impresionantes. Tiene una historia fascinante y espira espiritualidad, fé. A cada lado que íbamos algo nuevo sobre la historia del mundo aparecía frente a nuestros ojos.  Esto también merece un post separado, por lo que seguiré el tema más adelante, pero necesitaba decirlo. Lo que lloré al llegar al Kotel, o Muro de los Lamentos, no tiene comparación. La emoción y vibra que sentí allí no puede encontrarse en ninguna otra parte del mundo. De lo mejor que pude vivir en esta vida fue pasar un shabat en el Kotel rodeado de amigos, haciendo pogo con los religiosos, impagable.

Es un país muy especial, un lugar donde conviven en armonía el mundo judío, árabe y cristiano, algo que muchos pensarían que es una locura. Todos los carteles están en hebreo, árabe e inglés. En cualquier lado te podes cruzar a un judío ortodoxo con sombrero, barba y peies (los rulitos) al lado de una mujer musulmana. Es impresionante lo que se vive acá.

En este momento no se me ocurren muchas cosas que pueda expresar de manera sencilla. Acá en Haifa son las 23:30 mientras que en mi Buenos Aires son las 18:30. Estoy bastante cansado de días de no parar de viajar. De a poco voy a ir contándo todo lo que me fue pasando, pero quiero agradecer infinitamente a cada uno de mis compañeros de viaje por haber estado la lado mio en cada momento y hacer de esta experiencia algo maravilloso. También quiero agradecer a Taglit por haberme dado la oportunidad de viajar a un lugar impensado, un lugar mágico.

Los quiero un montón,

M